viernes, 2 de noviembre de 2012

Don Tulio. Músico de boliche



Su nombre era Tulio Bartolini, pero todos lo conocían como Don Tulio.

Por las noche llegaba a los distintos lugares en su rastrojero verde acompañado de su bandoneón y tocaba tangos de la guardia vieja.

El viejo Almacén Victoria de 12 y 42, o la Salamanca en calle 3 y diagonal 77 eran lugares donde se lo solía encontrar. por más que hubiera escenario él tocaba desde una mesa acompañado de un vasito de vino, porque el se autodefínía como "músico de boliche".

Tocaba "a la boina". Los parroquianos del bar depositaban en su boina lo que consideraban justo por el espectáculo, pero su verdadera paga era el respeto con que se lo escuchaba.

Los fines de semana, por la tarde, su escenario era el Jardín Zoológico.

Un platense de los de antes, un genuino artista y un bohemio como ya no hay. Una postal de nuestra ciudad que muchos hemos podido disfrutar.

En una Carta de los Lectores del Diario El Día Marta Arrola lo evoca de la siguiente manera:

"El 20 de junio de 1908 nació en La Plata un auténtico bohemio, don Tulio Bartolini. Recuerdo sus ojos entrecerrados, su figura inclinada sobre su fuelle, del que salían las notas de algún tanto querendón o de alguna milonga orillera.

"Querido y respetado por todos, no sólo por los amantes del tango, supo ganarse también el afecto de los jóvenes con los que compartió alguna muestra de vanguardia, como las organizadas por el grupo "Escombros".

Poetas platenses evocaron en sus versos a este solitario soñador; Roberto Seminara lo llamó "cantinero del Tiempo".

No sos de ayer ni de hoy, sino de siempre, Cantinero del tiempo cuyo estaño va de una punta a otra de la noche, cruzando la intemperie. Vaya a saber qué duendes te chamuyan de las cosas que fueron, cuando te quedas solo, solísimo, y aparte, con tu luto bohemio, como un pan sin mendigo en los umbrales!"

"Don Tulio falleció el 21 de julio de 1997, e Ilda Elena Merlo, en su poema "Musiquero Tulio", lo recuerda así: "Se fue el musiquero Tulio, el que encendía las mesas del boliche trasnochado tan solo con su presencia, el que ocupaba un rincón y a veces nos sorprendiera soltando al aire las notas de una milonga orillera. El que nos acompañaba, don Tulio, quien nos espera acaso tocando un tango, en una noche cualquiera".


Fuente: La fotografía que ilustra esta entrada fue publicada por el Museo de lo Cotidiano a partir de un aporte de Maria Innaro

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